Este es el mejor disco del 2019…

La Madre Tirana

Está bien, sí. No te hemos compartido porque pensamos que te enojaste con nosotros. Ay madrecita, ¿como entenderte? 3 visitas y ahí vamos, cada día más distantes -y radiantes-. 

Pero hoy te escuché. Me vas a hacer llorar. Eres tan dulce y complicada, Madre. Todavía eres la primera; con ese poder que todos te pidieron en tu segunda llegada al reino de los mortales. 

En serio, me vas a hacer llorar, como esa vez en 2017, en el VAQ. Cuando me firmaste el disco y no sabía quién eras. No sé no sé. Me pones nostálgico. Escucharte esa vez fue el inicio de todo

El disco de La Madre Tirana, el tercero en sus bolsillos, es el mejor disco del 2019. Sí, así, sin vueltas. No he tenido que escucharlo tantas veces para convencerme que, a pesar de no compartir ese performance de culto autodenominado que se cargan, es un disco hecho por genios

Mi canción favorita: Frío dormido (por ti). 

Y empecemos por esa misma, la que me recuerda a la Tumba de las luciérnagas y su status de depresión pre-desastre. Tal vez sea una influencia de esta portada atípica del álbum: rosada y destructiva, creada por Miti-Miti y que guarda la imagen de una bomba estallando en el planeta mientras lo vemos desde fuera, despidiéndonos de él o elevando la impotencia por sólo verlo. 

Cuadro el adjetivo de impresionante al valor de iniciar todo el álbum con un espectro melancólico. Activado y acelerado cada vez más con piano y batería, balanceando el atributo adecuado de la canción, (ese de destruirnos) con la voz a doble tiempo (o en eco) de José Orellana, que se hizo para interpretar baladas a pelo. Desnudas y dolorosas

Va Monstera, un lado B indirecto de la primera canción del disco. Su sintonía es precisa con la evolución del sonido lento en la primera canción. Lo único de esta canción es el impulso bien hecho y propuesto de los coros incluidos dentro de él. A partir de este elemento descubro los arreglos de guitarra, exactamente el del 2:27, una repetición del hecho en el 0:58, como una herramienta de buen uso que, no puedo evitarlo, me recuerdan a Sólo quédate en silencio cinco minutos de RBD. 

Huevo de avestruz es una joyita de locos. Es muy rara para decir que es una canción exclusiva de La Madre Tirana. Su ritmo equivale a una canción hecha por Letelefono en sus tiempos felices. Y si Leo Espinoza tuvo que ver en esta canción, les creo. Y por eso mismo no es mala, de hecho, es otra de mis favoritas, mas aun, le da palo a las demás canciones. Quizá por ese recurso de extrañeza, aunque desde el 2:30 se torna más Madre Tirana del 2017. Sí no llevan esto a un medio tradicional, qué desperdicio. Y si querían pogo romanticón, ahí tienen, ¡qué buena canción, chucha! Sobresale por su intención de caer y levantarse rítmicamente, abriendo paso a que se convierta en un hit y causa para saltar en los conciertos. Y ese final, qué intensidad, hdp. 

Ok, me emociono, pero lo que viene luego es Quiéreme como te quiero yo. Que desde el título ya te venden la canción. ¿Como no vas a dedicarla si ya te da diciendo todo? Pienso que lo más atractivo para que esta canción sea importante es esa voz tajante de José en 1:09, en ese síntoma de irse y quedarse. Aunque se queda y convierte a la canción en una balada rítmica bien masticada que a partir del 2:43 cambia a un solo de guitarra acompañado de cuadros uniformes de batería que van subiendo de potencia hasta que terminan la canción con un cuadro casi de exigencia en la letra y canción porque nos quieran como nosotros queremos

Sí, acertaron. Pelo Largo inicia con un sample a Colibria de Nicolá Cruz. Después de canciones que explotan en sí mismas, como un descontrol pactado, viene la quinta canción. Más suave, con una base de batería más ligera y la apreciación rítmica de una guitarra eléctrica que pierde protagonismo en el 2:45 con una acústica. Lo que vamos descubriendo en este disco y, dicho sea de paso, es una excusa para decir que es el mejor disco del año, es que cada canción cambia en sí misma, dando un producto que muta de inicio a fin, y como buen capítulo de los Simpsons, el final no tiene nada que ver con el principio. 

¿Y Nadie más? ¿Sigue salvando el disco? Ajá. Es la segunda parte -no declarada- de Quiéreme como te quiero yo. Más cruda, más potente, más arriesgada. No es mi favorita porque el disco tiene muchos hits. Lo mejor de esta canción es el final, esa guitarra al estilo AC/DC humedece cualquier lengua hambrienta. Además, el incentivo sonoro que la voz de José oferta en el final de la canción, en plena descomposición hasta que parece romperse. 

La Madre Tirana se cansa en sus propios discos de sonar igual, y a decir verdad, cualquier banda lo haría. Por eso es que Caramelo suena distante al disco, es lenta y para amores de domingos a las 17:30. Hay mucho de Letelefono en estas canciones lentas, que fácilmente pudieron ponerse en la voz de Leo Espinoza y ser el séptimo disco de la banda de Larry. Canción de almas lentas y besos sucios. Pero a ver, tengo algo en la cabeza que tengo que sacarlo si o si. En esta canción la voz está muy parecida a Enrique Bunbury. 

Alma Tadema hace de superhéroe por olvidar la balada de hace rato. Puede leerse como una canción de relleno y contraste. Que gana protagonismo escuchándola sola, sin la secuencia ordenada del álbum. La razón se simplifica en qué hay canciones que la opacan por ser muy buenas. Es obvio que es una canción para calentar el inicio. Así que de ley abren y abrirán conciertos con esta canción, la séptima del disco. 

Beirut ya casi despide el disco. Es la última canción rápida y resulta inevitable extrañar el inicio. Fue una gran experiencia, entre rock que apostó y baladas que siguen teniendo su etiqueta de Madre Tirana. Gracias Leo Espinoza por ponerle ese toque, se nota, no tienes que decirlo, se siente al pelo, desnudo. Cuenca ya tienes tu banda insignia, acéptalo, es tu Madre

Junto a este chao melancólico cae Seda. La banda la lanzó como el promocional del disco. Dice mucho de lo que venía en el álbum y a la vez casi nada, sí el sencillo hubiese sido Huevo de avestruz las expectativas habrían sido enormes, y no todas las canciones del álbum llegan o superan la calidad de esa canción. Lo que sale de Seda para que cierre el álbum es que su esencia se transparenta con todo el concepto del disco, que ha variado en un plano oriental no tan claro pero en algunas canciones, como Quiéreme como te quiero yo y Huevo de avestruz se ven expuestas en forma de rasgeos de guitarra que siembran ese concepto que todavía pudo haber sido más trabajado. Sin embargo, que no se explica cómo una obligatoriedad. 

El disco no traiciona los anteriores discos de La Madre. Cada uno de ellos permite calarse como experiencias separadas. Cada una dueña de su propia identidad. Sin pedirle nada a alguien. 

La pregunta es un lujo que pocas bandas pueden hacerse: ¿es el mejor disco de La Madre Tirana? 

Desde acá les dejo la duda. Para mí, no, el II es insuperable. Pero para el 2019, lo es.