¿Cómo te voy a olvidar, WankaBeats?

Bandalos Chinos

Es el último día de agosto, un 31 predestinado a marcar todas las emociones de quienes estaban en el Guayas ese día, la razón: El WankaBeats, festival pequeño en espacio, pero grande en contenido, descomponiendo un cartel muy bien estructurado y revelando sorpresas en el escenario que jamás hubiesen pasado por tu ‘mente indie’.

Las puertas se abrieron y los artistas subieron al escenario a dejarlo todo frente a un público demasiado ansioso y entre ellos un lover, marcando el ojo a lo ocurrido.

Banderita tricolor

Ecuatorianos al poder y al escenario, todo este menjurje musical inició con Shalom Mendieta, quien venía de un show la noche anterior. La ecuatoriana se encargó de prender la primera llama del festival, sus canciones convencían al público de mover sus caderas desde temprano, el sol pegaba como látigo, pero la frescura que provocaban sus melodías opacaba ese golpe de calor. Siguiéndole el ritmo a este mini infierno festivalero vino La Madre Tirana. Ahora, como dice la gente “Madre solo hay una“. Era el turno de la banda cuencana, que promocionó su último sencillo llamado ‘Seda’, primera piedra rumbo al tercer disco de la tiranía. Ya hacía falta rendir el respectivo culto en Guayaquil y es que no habían pisado la perla desde aquella noche en el teatro Sánchez Aguilar.

El infierno en Samanes. Foto: Antonella Zambrano.

Cuando Yurgaki -o ‘los diablos’- subieron al escenario, había una sobredosis de ritmos tropicales. La gente se conectaba con sus sonidos que de manera obligatoria te provocaba zapatear. Se transformaron en medio de la presentación al ponerse una máscara del Diablo Huma y se ganaron múltiples aplausos. Transportando el poder de festival autóctono a un WankaBeats que manejó una tónica de a dos fases: lo nacional y la escapada a lo extranjero.

Y en ese ambiente de irse o quedarse llegó un individuo que ya pertenece a todo el planeta: Mateo Kingman, quien hizo del escenario su hábitat y entró en sinergia con todos los presentes para dejar una experiencia única marcada en nuestros corazones. Ni siquiera los ‘Astros’ podían predecir lo bello que iba a ser espectar a Mateo en este festival.

Set de Kingman, cerrando el ciclo nacional. Foto: Antonella Zambrano.

Nos conectamos con los sonidos y al final surgió un pequeño pogo cerrando su presentación con ‘Mi Pana’. Bello show para acabar con la cuota tricolor y dar un paso gigante a las mega sorpresas que iban a musicalizar el fin de la noche.

Lo ultraterreno al palo

El sol se había ocultado en su totalidad y es que nada puede brillar más que Bandalos Chinos en un main stage. La gente andaba ansiosa por ver a los argentinos en Ecuador de manera inédita. Cuando subieron al escenario, los gritos no paraban y el no saber lo que podía pasar causaba más ansiedad.

Hay que reconocer el gran show que brindó ‘Goyo’ en Samanes, sus movimientos y la interacción con las luces fueron geniales. Toda esa magia anónima que habíamos escuchado en Spotify se hizo cruda y tangible cuando hits y recuerdos nos dejaron en claro que: su regreso es obligatorio.

Nada brilla más que ‘Goyo’. Foto: Antonella Zambrano.

En este mismo vuelo de dudas llegó Este-man; el responsable del brote de alegría mientras bailabas, así no sepas bailar, pero lo hacías con la confianza que sólo una muchedumbre te da. Era su primera vez en Guayaquil y mencionó sentirse como en casa. Una de las sorpresas que hubo durante su presentación fue cuando Vinu lo acompañó en medio del show.

También compartió un grato momento con Beto de Rawayana y cerró el evento con ‘Baila’ sonando a todo volumen. En fin, fue una presentación llena de sorpresas, empoderamiento y muchos movimientos de baile.

Rawasteman en un feat a lo gran Colombia. Foto: Antonella Zambrano.

La tripulación de la ‘Funky Fiesta’ puso a todos en modo “brócoli” con sus canciones a diestra y siniestra. No había mucho espacio para poder espectar a la banda pero eso no fue impedimento para gozar al cien. La gente se empezaba a subir a las mesas de los emprendimientos cercanos solo para bailar.

Algo que dejó un poco de inconformidad fue que no cantaron su más reciente canción ‘Sádico’ pero se mandaron una presentación excelente que muchos ni cuenta se dieron de ese detalle hasta cuando terminaron de cantar.

Penúltimo stage del WankaBeats. Foto: Antonella Zambrano.

Cansados y con ganas de llorar mientras mueves piernas y caderas, la noche estaba tornándose un poco fría. Pero cuando salieron Los Amigos Invisibles, directo desde Venezuela, llegó el momento de entrar en clímax. Con el repertorio que tenían para el festival hicieron un viaje en el tiempo. Era muy chistoso cuando hacían unos pequeños covers de canciones de Queen, Nirvana y otras bandas más. También cantaron con Shalom ‘Espérame’ y fue bello (si es bello signfica que tiene un 10 de calificación).

El momento más sensible llegó cuando decidieron cantar ‘La que me gusta’, amigo de la friendzone, seguramente lloraste a cántaros. Había tres bandos: los que lloraban, los que abrazaban a sus parejas y los que no se encontraban en esta dimensión.

Entre lloro y recuerdo también se movían bolas. Foto: Antonella Zambrano.

En definitiva, fue un festival completo. Me gustó mucho la idea de algo como una ‘e-coin’ que era la única forma de pago para el consumo en el festival, el tiempo de presentación de los artistas fue oportuno y la entrega de los mismos estuvo espectacular. Puedo asegurar que fue una experiencia más allá de lo terrenal y me entra una intriga de saber si el WankaBeats del 2020 dejará de ser terrenal para plantearse conquistar el universo.

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