En 40 años Cerati será un siglo

Esta es una breve reflexión-homenaje-recuerdo a la vida que Cerati transformó en mi. Algunas personas han sido reemplazadas por adjetivos, sustantivos y verbos, esto para salvarlos del olvido.

Es primer semestre de universidad, las primeras conversaciones las gasto hablando sobre colegios, de donde vivimos, de donde eres, “¡ah! Hemos sido vecinos, vecino”, decimos. El primer día es como la fila y atención del registro civil, adivinándonos.

Los demás días descubro a una mujer, pintarrajeada el cabello de rojo, preguntando cosas y sosteniendo su voz, que tiembla, cuando habla de música. Habla de Soda Stereo, de un tal Cerati, de ese mijín que alguna vez un pana del colegio, de apodo chivo, mencionó y no paré bola porque odiaba ‘De Música Liguera’, que siempre canté así: “ya-quel-amor-de-música-liguera”.

A la semana un profesor me recuerda a Cerati. Me enamoro de ‘Puente’ y digo: “que chuchas, esta canción es full poesía, mijos”. Ese profe se convierte en mi ídolo. Alguna vez hablamos de Gustavo, le menciono las canciones más reproducidas del Spotify. Y él asiente, como diciéndome con los gestos que “andas lejos, pelado”. Así, con su tonito de humildad guayaca.

Luego me alieno en los dos discos que YouTube me recomienda primero. Mi Spotify no-premium me jode la reproducción. A Cerati le pongo flores antes de saber que se murió hace tiempo. YouTube, que antes no jodía con anuncios, me deja escuchar ‘Siempre es hoy’ y ‘Ahí vamos’. Me voy debiéndole la vida a ‘Vivo’ y tiempo después a ‘Lago en el cielo’. Después descubro que Gustavo Cerati murió hace 3 años. No me entristece. Lo hará luego.

La pintarrajeada se vuelve mi amiga y mi guía hasta tercer semestre, conoce más de Gustavo que yo de la carrera. Apruebo su compañía mientras voy desconociéndome con los álbumes. Tenemos conversaciones de whatsapp hasta la madrugada. Nos escribimos tanto que siempre hay un link a una nueva canción de Cerati o Soda.

Paso dos años atado a la música del argentino, con esa nostalgia robada de historias que nunca me han sucedido. Descubro una sensualidad solitaria en su música, una excusa para conocer gente o derribar ciertas mentiras de fans-a-sueldo-de-likes, Pasa lo asqueroso de ser fan: creerle a un único artista el mesías de todos los shows. Me voy alejando.

Cerati es excusa y mirar arriba. Tener fe aunque ya no estés. Un artista que he preferido conocer por detrás de su música, interviniendo en las verdaderas razones de saber por qué lo hacía. Pasa con rockstars, que no van a saber nunca que te acompañaron años cuando te descubrías. Pasa también que la música de alguno se queda en alguien, en algo o a veces en nada.

La música, los gustos y las ambiciones de un man que escucha, es ubicar a su artista en una época de su vida, en alguien o en lo que sintió. Para que no mueran dos cosas: el artista y el recuerdo.

Somos unos salvajes todos esos que no quieren ver nada muerto. Pero así pasa. Al acabar media carrera mis amigos se cansaron de Cerati, empezó todo este aire del indie y tuve que adaptarme. Las radios de las farras ya no permitían mi salvajada de poner a Cerati. “Déjalo morir, me decía un amigo, hincha del nachito. Creo que le respondía que “no trataba de eso. Ese rato no importaba, estábamos ebrios. Pero en esa ebriedad es que necesitaba a Cerati, su música, recordar las cagadas del pasado y las bellas historias que he de ir exagerando con el tiempo.

Son cosas que te tocan dentro y que los causantes no van a saber jamás, pero es parte de la religión eso de deber algo a alguien.

Hoy, que es 11 de agosto del 2019, leí un titular que decía: “Gustavo Cerati hubiese cumplido 60 años el día de hoy”. Se me hizo extraño leer ‘60’, ¿no les pasa que dejan de ver a alguien y envejeció más rápido? A mi me pasa, pero cuando veo que no sientes el tiempo constantemente el dolor se ausenta.

La música es igual, dolía mucho más cuando el 2 de septiembre de cada año ya estaba listo para el 4. Ahora, sé del 11 de agosto el mismo 11 de agosto, cumpliendo con mucha fidelidad el escuchar a Cerati todo el día, como hacíamos antes con la pelirroja en cada septiembre. 

Leer el ‘60’ me ubicó en que algún día leeré un ‘100’. O que si no lo hago, me estoy sintiendo mejor con ver que Gus ahora duele a leyenda y no a resurrección imposible o transformación de su hijo en él.

Pienso que cada año vendrá un nuevo artículo hablando sobre lo ingenioso de cada disco en el que estuvo Gustavo, llenándonos de comentarios ampulosos sobre sus discos, lanzando tops o reseñas, recordando cosas sin mérito o alabando la idea de que Benito es su herencia más usable.

Vendrán cosas así para siempre y está bien. Pero mientras acabo esto siento, pienso y no me lamento al decir que he ido olvidando la idea de que Cerati tendrá segunda parte. Es uno y la única manera de no verlo morir es escuchándolo, haciendo la salvajada, además, de ubicar sus mejores –o peores- canciones en personas que con el tiempo también vas a olvidar como eran.

Te olvidarás de sus rostros, sus cinturas, sus senos, sus lunares y sus sexos.

Pero ya sabes, pones una música al pasado y eso no se va. Cerati tiene algunas en mi y creo que “trataba de eso” el no dejarlo morir.

Escucha acá a Gustavo Cerati y Soda Stereo.

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