¿DEBEMOS REGRESAR AL REGGAETÓN?

Reggaetón

¿Y si volvemos a donde nadie nos echó? Al menos no es tu ex; pero si tu guilty pleasure: el reggaetón. 

El último Coachella lo sentenció: el reggaetón ha vuelto a los hipsters y pseudo hipsters. Vuelve en forma de headliners y modo atípico para gringos.

Llenan festivales y no abren, los cierran.

Dinos que no, se te pone la piel de gallina.

Vuelve porque lo dejamos ir. Y es verdad, lo abandonamos porque apestaba. Pero niégamelo, amante de Lolabúm, en la fiesta siempre terminarás reproduciendo el último disco de Bad Bunny y J Balvin. Ya sea porque no admites su regreso o porque estás muy ebrio. Pero los pones.

Ya no hay discos inevitables. El reggaetón, en su máxima expresión, ‘mainstreamea’ porque puede y se hizo para eso. Y algunos discos actuales son, en realidad, muy buenos en todo su proceso de construcción, que aunque nos duela en nuestra burbuja hipster, superan todas las expectativas. Yo tengo, por ejemplo, la expectativa de no saltarme una canción cuando escucho un álbum, porque si pasa eso, el álbum es malo. En algunos discos de reggaetón, dejo el álbum en una secuencia absoluta. Porque es bueno y supera mis expectativas.

No es casualidad que cada ser humano tenga al menos una etapa de su vida en la que fue un reggaetonero de sepa. Ahora, cuando la expansión musical está en decenas de plataformas de streaming, regresar al reggaetón se ha vuelto una cuenta pendiente. De esas que, sí te cansaste de la rutina del indie/pop/rock/ska/trash, siempre está la opción del reggaetón, y no en unidades, sino en centenares, y si nos ponemos unders, en millares.

La decadencia de las ideas clasistas en contra del reggaetón se están olvidando. Suponer que el reggaetón es sinónimo de pobreza o de vergüenza latina, dan harta repulsión.  Javier Masache, integrante de Tonicamo, una banda que lanzó hace poco un remix trapero de Vidrios, dice, entre joda y verdad, que el género es “el pináculo de la salvación de la humanidad aburrida, la respuesta a la incertidumbre”. Acierta cuando al final me dice que todos acudimos al territorio latino para encontrar la expresividad, “no sabemos a dónde ir”, dice, por eso vamoshacia el sur, hacia abajo, hacia lo rico”,  concluye.

Pero, ¿por qué el reggaetón “revivió”? Primeramente, nunca murió. Sólo se escondió para educarse. Segundo, los exponentes equilibraron la balanza; porque sí, hay reggaetón muy malo y también muy bueno. El bueno es el que avivó el feeling reggaetonero. Bad Bunny llevó ese clímax de discotecas a festivales. Lo que hace ‘el conejo malo’ no es necesariamente un enjambre para soltarlo en una fiesta. Va más allá. Mezcla armonías traperas con cierta nostalgia del reggaetón viejito: Don Omar vibes.

Usa líricas sencillas, sonidos exactos y su voz se acomoda a una especie de ruego cantado. Música para volar enamorado. Para convertirse en dueño del caserío y para sentirse un pandillero golpeado por los gajes emocionales.

X 100 PRE es un disco con todos los juguetes. Ni te das cuenta que estás perreando con ‘Solo de mi’. Pues aunque no sea esa suciedad pasional que a veces esperas del reggaetón, la esencia del disco está muy clara: ser latino nunca fue tan barroco y bacán.

Lo sabe Jimmy Fallon y lo supo el Tomorrowland.

El reggaetón va abandonando su prejuicio ajeno; se está asociando con más mundos musicales (Bad Bunny-Drake, J Balvin-Rosalía, Beyoncé-J Balvin o Rosalía-Billie Eilish) y va evolucionando. Lo hace bien porque eso debe hacer la música: evolucionar para no morir.

Y a veces la evolución opaca a quienes se quedaron en el pasado. Atascados en la colección. Pasa en Argentina, con el rock nacional y su “batalla” contra el indie, el reggaetón y el trap. La evolución ha dejado al rock del país sureño en una especie de pausa que lleva sus esperanzas en los últimos representantes de aquella época dorada: Fito Páez, Charly García y Andrés Calamaro.

Esta lucha es abominable, porque al otro lado nacen cada día nuevos géneros y festivales que al igual que los artistas, buscan nuevas cosas; que se adapten y aprendan a no atascarse en la memoria. La onda de lo nuevo tiene una tinta muy futurista. Que vale más ver adelante y aprender del hoy que quedarse atrás y tenerle miedo al presente.

El reggaetón, definitivamente, está conquistando por su innovación.

El arte del perreo no es un vaivén de sexualidad impuesta y degenerada, es la cima de una forma de representación de todo lo que un género puede activar en el cuerpo humano.

Para meternos en cosas más musicales, porque esta nota va más sobre el contexto emocional del género, Efrén Astudillo, de Tonicamo, cuenta porque sale la confianza al reggaetón desde una banda. “Usamos lo urbano porque implicó para nosotros un descubrimiento de nuevas sonoridades, de nuevas técnicas de producción además de enfrentarnos a las dificultades que implica hacer mucho con poco. La experimentación se posibilita más cuando se exploran a fondo los recursos tecnológicos, que finalmente siempre tienen la mano humana que los controla y saca lo mejor de ellos”, dice. En conclusión: más reggaetón, más recursos y menos limitación.

He empezado con esta aseveración del Coachella sobre el género urbano, en que ubica en sus carteles a grandes artistas del reggaetón como headliners porque la onda en un festival del género es cosa seria y brava. La puesta en escena, la relación público-artista y el comprometimiento, se ven. No he ido a un festival donde pueda ver esto porque en Ecuador sólo tenemos el Urban Fest y algunos festivales que sólo se encajan en el género en específico, pero las crónicas, los videos y la amalgama mediática en Facebook e Instagram te dicen que la gente en los festivales se divierte con lo que escucha y ve.

Me dice Pablo Dávila, vocalista de Tonicamo, que ahora hay una validación por la reinvindación del género a nivel internacional. Además, piensa que en el país, la cantidad y calidad del reggaetón está lejos sobre la evolución de lo que está pasando afuera en este momento. Y aunque su banda no hace reggaetón, afirma que al aliarse a este género las posibilidades se abren y pudieron decir más cosas que, con otro estilo musical, se habría complicado.

El reggaetón, para finalizar, no es sólo cuestión de experimentar desde una banda y quedarse con una canción para lograr el meme en lo que les sigue de carrera; el género es un llamado a nuevos encuentros sonoros y evoluciones propias para despojar a géneros que se han vuelto dinosaurios, con los que el público se engancha y se transforma en un campo de concentración en contra de reggaetoneros.

El origen de la música siempre nos jode. Y más en Ecuador, que a cualquier banda que goza de éxito, la volvemos un desaire de nuestros complejos por no comprenderlas. El reggaetón todavía no vive sus eras doradas en este país de cuatro regiones; pero tenemos los primeros pasos, que dejan el dembow básico por apostar a nuevas cualidades sonoras, podríamos tener fe en La Siembra, The Cit o Dj Riobamba, con sólo aplastar su perfil de Spotify.

Nada más.

Esta misma batalla fue, es y será toda la batalla de toda la música en el mundo. Entonces, ¿por qué no regresar al reggaetón?